La reciente
decisión de la agencia de calificación norteamericana Standard & Poor´s de rebajar la nota de solvencia de
España, Italia, Portugal y Chipre (dos escalones), así como de Francia,
Austria, Malta, Eslovenia y Eslovaquia (un escalón), ha sentado como un
auténtico jarrón de agua fría a las autoridades políticas y económicas de la eurozona,
en un momento especialmente sensible tras las desavenencias de los socios
comunitarios en la última cumbre de Bruselas del 9 de Diciembre.
Las previsiones
de la agencia de rating no son precisamente halagüeñas para la zona euro,
pronosticando un muy escaso crecimiento económico que en algunos países, como
España, puede degenerar en recesión. Un vaticinio que no ayuda precisamente a
los países en dificultades pues corre un nuevo velo de incertidumbre que socava
la confianza de inversores e instituciones y entorpece las medidas de ajuste
adoptadas por los gobiernos afectados, así como la puesta en marcha de los
fondos de rescate aprobados. Para colmo de males, S&P amenaza con
nuevas rebajas de calificación que en el caso español tendrán lugar si el nuevo
ejecutivo de Mariano Rajoy no aprueba de urgencia la reforma
laboral y no se adoptan medidas adicionales para disminuir el déficit público. La
actual nota de nuestro país (A) ya es preocupante, pues supone la pérdida de
cinco escalones en dos años y situarnos al mismo nivel, por ejemplo, que
nuestros socios polacos.
A pesar de que
era esperada y de que la reacción de los mercados no ha sido traumática, la
rebaja comunicada por S&P hace aún más difícil la financiación de buena
parte de los países del euro ya que incide directamente sobre la prima de
riesgo de su deuda pública, además de debilitar la moneda común frente al
dólar. En un intento de tranquilizar al convulso sector financiero, un molesto
Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang
Schaeuble, ha recomendado no sobrevalorar la decisión de la agencia
mientras que la
Comisión Europea,
tras ver cómo Francia y Austria pierden la anhelada “triple A” y Portugal ve
reducida su deuda a la categoría de bono basura, tachaba dicha decisión de
“aberrante” y de haber sido adoptada justo en el momento en el que la
U.E. actúa de
manera decisiva en todos los frentes para responder ante la crisis, esto es,
cuando más daño puede producir.
Se trata, en cualquier caso, de la enésima ocasión en que
alguna de las tres agencias de calificación designadas por la Securities and Exchange
Comission (Comisión del
Mercado de Valores) de EEUU, esto es, Standard&Poor´s, Moody´s y Fitch
Ratings son acusadas, no sin
razón, de perjudicar los progresos de la unión monetaria europea y los
intereses de los países de la eurozona. Sin ir más lejos, la degradación de la
deuda soberana lusa que efectuó Moody´s en Julio del pasado año motivó la
enfurecida protesta de la
Comisión Europea y del ejecutivo de Pedro Passos Coelho, amén de
una auténtica revuelta ciudadana en las redes sociales llamando al boicot
contra la agencia neoyorkina. También la amenaza por las mismas fechas de
rebajar la nota de la deuda italiana, disparó su prima de riesgo hasta el
extremo de que la
Fiscalía del
país transalpino decidió iniciar actuaciones contra Moody´s por “manipular los
mercados”.
No deja de llamar la atención que las tres agencias de rating
norteamericanas, culpables en gran medida de la crisis financiera global, se
hayan convertido en un instrumento de continuo azote para la estabilidad
económica de la eurozona. Recordemos que la estrepitosas caída de Enron o el escandaloso fraude de las
hipotecas subprime que llevó a la quiebra a bancos de
inversión como Lehman Brothers, Goldman Sachs o Merrill
Lynch, no hubiera sido posible sin el aval de las agencias de calificación
que aún conocedoras de los imprudentes riesgos asumidos por sus clientes,
mantuvieron unas notas de solvencia ficticias que dificultaron prevenir la
debacle. Es por ello que el Fondo Monetario Internacional no ha dudado en
atribuirles una alta responsabilidad en el origen de la crisis por su pésima
praxis profesional, traducida en conductas tan criticables como incurrir
conscientemente en conflictos de intereses, errores manifiestos en las
calificaciones, retraso a la hora de anunciar los riesgos de las emisiones o
irresponsabilidad al realizar advertencias peligrosas en momentos poco
adecuados, todo ello mientras el Parlamento Europeo aprobaba el año pasado la
propuesta de crear una agencia de calificación europea de la que Angela Merkel es su principal valedora.
Precisamente ayer, durante su visita a Atenas, el Ministro de
Asuntos Exteriores alemán, Guido
Westerwelle, insistía en la
necesidad de que la
U.E. cree sus
propias agencias de calificación de riesgo. El anuncio no podía tener un
escenario más oportuno por cuanto Grecia ha sido uno de los países más
castigados por las agencias de rating, las mismas que tanta complicidad e
indulgencia han mostrado ante las estafas y fraudes multimillonarios de las
grandes empresas de inversión de EEUU, y que ahora se han vuelto tan
meticulosas en su intento, no disimulado, de obstaculizar y ralentizar la
recuperación de la economía europea.
Con este enemigo añadido que cabalga sobre los vientos del
Atlántico, más vale que Europa demuestre firmeza y unidad y tome las medidas
oportunas antes de que sea tarde.
2 comentarios:
Interesante post y no menos interesante blog, que incluyo en mi blogroll
Gracias, un saludo familiar.
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